Otro día más en este inmundo trabajo. ¿Qué no pueden cerrar el parque aunque sea una semana para que pueda ir a Acapulco? Ya he perdido la concepción del tiempo, prefiero no contarlo, no recuerdo si llevaba mil o dos mil días estancada aquí. Demonios, apenas esta amaneciendo, hace frío, el perno sigue dormido, todos lo están; bueno el madero número 15 no, pero el me tiene sin cuidado, nos peleamos la semana pasada y no me importa mas. Maldición ahí vienen estos. Toda la montaña vibra a su paso, los que no despiertan por esta situación, despiertan por los gritos de estos inconscientes ¿Qué nadie les dijo que estamos dormidos? Ya, es suficiente. Tengo que salir de aquí. Muevo mi cadera hacia la derecha: atascado. La muevo a la izquierda, ¡Ja! No es tan difícil, giro y giro y giro, ¡ya va cediendo! ¡Ay güey! ¿Y si me mato? Carajo, estúpida curiosidad, ¿Por qué no lo pensé mejor? Ah pero mira que vista, nunca me había separado del perno, no recuerdo bien, pero creo que desde que nacimos estamos juntos. ¡Qué bonito se ve todo desde aquí arriba! ¡Ay Dios! ¡Ay Dios! Me caigo ¡ME CAIGO! Estúpida curiosidad veo tan lejos el piso, ¿Por qué me separé? ¡Bah! No tendré que aguantar al idiota del perno con sus chistes, aunque ese del perico que me contó era muy bueno; pero nunca le importo lo que yo sentía, mmm como aquella noche tan fría cuando me dejo enroscarme en el un poco mas para resguardarnos del frío; después de todo nunca fue un mal conversador, si, si esta bien, era mi amigo. Sigo cayendo, que frío es el aire, ahora estoy sola y la distancia entre mi cuerpo y el piso va disminuyendo poco a poco pero eternamente. He pasado mas tiempo cayendo del que pase en la montaña ¿o al revés? No tengo concepción del tiempo, dirijo mis ojos hacia el cielo, y veo que el perno esta mirándome con impotencia. Sin pensarlo, miles de tuercas me imitan, incluyendo a mi amigo el perno, el brillo de sus cuerpos resplandece. Esto se ve increíble, hay tuercas sin pernos, pernos sin tuercas, rieles sin madera, madera sin rieles. Nunca antes había tenido este magnifico sentimiento de pertenencia. El madero número 15 me ha alcanzado, le pido perdón por mi conducta a lo que el responde que me ha perdonado desde antes que yo lo pidiese. Esta sensación es hermosa. Sigo cayendo y sin darme cuenta golpeo algo duro y escucho de nuevo los gritos. Acabo de caer tocando una cabeza en lugar del suelo.
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FINAL ALTERNO DE LA GALLINA DEGOLLADA
La cólera invadió su mente y su corazón, no supo cómo o porqué pero cuando se dio cuenta había recogido el arma que los idiotas habían tomado, después de todo aquellos solo eran hijos de su esposo, ella no podía ser su madre, ni tenía la culpa de que hubieran nacido de esa manera, aquellos monstruos habían asesinado a la única persona que merecía ser llamada su hija. Mazzini intento detenerla, pero Berta con una fuerza descomunal provocada por la ira, lo empujó a un lado con el cuchillo de modo que este entro y salio sin que ella se diera cuenta o tal vez totalmente conciente de lo que hacia. Cuando Mazzini se hubo desplomado, Berta se hallaba en el jardín, frente a la cerca contemplando con el arma en mano a sus cuatro primeros hijos, los miraba con odio, con rabia. Tristemente Berta había olvidado que idiotas o no, los niños habían salido de ella. Comenzó a acercarse lenta y sigilosamente, de manera que ninguno pudiera oírla, pero su error de no estar atenta al piso, hizo que una de las gallinas se cruzara en su camino, tropezara y que el puñal volara en el cielo mientras ella caía al piso de espaldas y este se enterrara en su garganta, abriendo la llave de su yugular como justicia a lo que pensaba hacer. Los idiotas se quedaron mirando como su madre se desangraba, contemplando de vez en vez el sol como era su costumbre, sentados en su ya bien conocido banco, esperando a que la sirvienta llegara y les preparara de comer la gallina que recién habían matado.
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Esta noche ha sido larga, los habituales sonidos de los pasillos están mas presentes hoy que los días anteriores. De rato en rato, el silencio reina en mi mente y en el lugar. A lo lejos oigo como ella toca en todas las puertas como es su costumbre, cuando toca en la mía finjo estar dormida con tal de escapar un poco de la rutina en la que vivo. Unos minutos o unas horas después, no se bien debido a que me quitaron el reloj al entrar, llegan ellos a hacer el trabajo que la mujer haría y que yo no permití. Oigo perfectamente bien como gira la llave dentro de la cerradura, la puerta se abre y entran ellos. Uno me sujeta los brazos mientras otro me sujeta los pies, otro se acerca a uno de mis brazos y por más que intento zafarme, me resulta inútil y siento un tremendo dolor en mi articulación izquierda seguido por un sueño incontrolable.
Despierto terriblemente acalorada, no puedo siquiera moverme, mi boca está totalmente seca. No reconozco el cuarto donde estoy, de hecho no creo nunca haber estado en el. Voy a levantarme a avisarles que debo ir al baño, pero ¿y esto? ¿Qué traigo puesto? Alcanzo casi a tocarme los omoplatos. Con mucha dificultad, logro incorporarme; ¿Qué me han hecho? Como si no pudiera controlarme, hoy deciden que no puedo moverme más, comienzo a desesperarme y a pesar de que grito y pateo la cama y la pared, nadie viene a socorrerme. Las paredes tienen un material suave y acolchonado, quizás es por eso que nadie puede oírme. Mi garganta esta muy irritada y mi voz comienza a desaparecer poco a poco, no he oído pasos y nadie se ha acercado a preguntarme por mi estado. Aún sigo con ganas de ir al baño. Esta cosa me da mucho calor, ya adiestre un poco al cuerpo para que tenga un poco más de paciencia y no se desespere por la falta de movilidad, mientras mi mente es cómplice en la difícil tarea de tratar de distraerse en tiempos pasados y futuros para evadir totalmente el presente. La tela me raspa un poco los brazos, me da un poco de comezón y me hace sentir un poco sucia, sin mencionar que el sudor que provoca la temperatura del cuarto invade mi cuerpo haciendo que mi desesperación sea mayor segundo a segundo. Después de un rato, al fin la mujer se aparece ante mi, le digo que necesito ir urgentemente al baño a lo que responde alargándome el vasito con las medicaciones que debo tomar y diciendo que llamará a alguno de los ayudantes. La puerta se cierra detrás de ella y alcanzo a oír como toca de puerta en puerta para repartir lo que cada uno de mis vecinos necesita. Tratando de recordar una de las canciones que mi familia me cantaba cuando era más pequeña sin éxito alguno, alcanzo a escuchar que la puerta se abre una segunda vez y entra uno de los ya conocidos ayudantes de la mujer, me sienta en una silla con ruedas y me lleva al baño donde sin apartarse de mi abre un poco mi prisión para que pueda atenderme sin ayuda. El aire recorre mi cuerpo, ¡como esperé esta sensación! Al volver a abrochar las hebillas de mi camisa, la sensación acaba; no puedo hacer nada, vuelve a sentarme en la silla y emprendemos el camino a través de los pasillos hacia mi cuarto. A veces muero de aburrimiento sola en mi cuarto, a veces siento que ya he muerto, a veces me pongo a inventar historias donde alguien viene a salvarme liberándome de todo lo que me acongoja, a veces sigo tratando de recordar las canciones de infancia, a veces lloro, a veces río, pero lo que me mantiene viva es la impaciencia porque llegue la hora de ir a tomar un baño donde mis brazos libres de ataduras puedan moverse como lo hacían antes, y la esperanza de algún día liberarme de esta prisión textil y salir corriendo o caminando de aquí.
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