San Agustín, Cacaluta, Pochutla y Oaxaca
Después de haber descansado todo el día de ayer, dormí hasta las cuatro y media de la tarde cabe mencionar, me dispongo el día de hoy a contarles lo maravillosas que estuvieron las vacaciones. Salimos el lunes 17 a las 8:30 pm con destino a Huatulco, después de tener un pequeño problema con la línea de autobuses y de discutir con algunas personas, salimos por ahí de las 9. En el trayecto, fuimos sentadas juntas Abigail y yo, y Miguel se sentó atrás con un argentino, que fue pateando el asiento de Abi toda la noche. Llegó un momento en que el sueño me venció y dormí unas tres horas, desperté al cabo de ese lapso y me voltee a platicar con Migue. Fuimos viendo la carretera, como se iba haciendo más claro el cielo y estábamos discutiendo si el halo de la luna era de tungsteno o de algún otro gas (ay tan ñoños ellos). Por la mañana, como a las 9, llegamos a la primer escala: Pochutla, se bajaron bastantes personas y nosotros salimos a fumar y a estirar las piernas. Cuando subimos de nuevo al autobús y para sorpresa de todos (si claro) yo me volví a dormir. Llegamos a Huatulco y de ahí decidimos ir a San Agustín, ahí veríamos a Amín al día siguiente, así que tomamos un taxi de la terminal de autobuses a la parada de la carretera, en la que hay que tomar taxis colectivos para llegar a San Agustín. Al llegar, la vista era maravillosa, los colores del mar eran muy claros, y gracias a esto, la barrera de coral era muy notoria. Nos detuvimos a comer mariscos a la orilla del mar, para después ir a snorkelear. Posteriormente, fuimos a poner el campamento a una de las partes más alejadas de la playa, por donde ya casi no había gente ni palapas. Prendimos la fogata y nos quedamos a ver la luna una buena parte de la noche.


Desperté soñando paranoicamente con Lost, y lo primero que vi fue la playa vacía, ya se imaginarán el susto que me dio jajajajaja.


Un rato más tarde, llegó Amín, fuimos a comer mariscos de nuevo (como sufrimos nótese) y Amín conectó la posibilidad de un toquecito en la playa. ¡Nada mejor que eso! El relax de la playa, el sonido del oleaje del mar, el viento en la cara, la luna iluminandonos y un cigarrito de esos que uno no acostumbra fumar salvo en estas ocasiones, nos hizo la noche. Al día siguiente partimos momentáneamente tristes de San Agustín rumbo a la playa más hermosa que yo haya visto en mi vida: Cacaluta. Primero pasamos a Santa Cruz para de ahí tomar el transporte, había muchos turistas, y en lo que iban a comprar un poco más de comida, pasé a visitar la iglesia (¿cuando no?) que por cierto me desilusionó bastante. Iba con la mochila enorme en la espalda y un viejito me dijo “No niña usted si que está retefuerte!”
La verdad me causó mucha gracia. Tomamos un taxi para la entrada de Cacaluta, donde una camioneta nos llevaría a través de la selva a la playa. Cuando llegamos y vimos la playa sola alumbrada solamente por la luna nos quedamos perplejos. Éramos los únicos, y me sentí como exploradora encontrando la tierra prometida. Volvimos a acampar y a fumar jajajaja estamos mal! Nos dijeron que teníamos que estar pendientes porque al día siguiente podría llegar la marina a levantarnos y quizás a multarnos debido a que Cacaluta es reserva ecológica, entonces despertamos temprano por cualquier cosa que pudiera pasar. Pusimos los pareos en 4 palos y nos hicimos una sombrita para acostarnos, me puse mi bronceador y ahora si me tiré a asolearme como lagartija en la arena, ¡al fin ya tengo color! Soy morena al fin y eso me da mucho gusto. Desayunamos dos pescadotes al mojo de ajo y Abi y yo nos dormimos un rato, mientras Amín y Miguel fueron a caminar. Aprovechamos para el famoso topless y para tomarnos varias fotos.
Pasamos otra noche en Cacaluta, conocimos a una pareja que estaba acampando al otro lado de la playa. Cenamos juntos y posteriormente nos fuimos a dormir. Despertamos con el amanecer, lo contemplamos y nos dirigimos al camino a esperar las camionetas para irnos de ahí.







Tomamos un camión a Pochutla, donde desayunamos delicioso, debajo de un árbol de mangos, del que caían repetidamente. La señora que nos dio de desayunar nos regaló un kilo de mangos de su árbol de “postre” es bien amable la gente en Oaxaca. Salimos en otro camión para ir por la hermana de Amín, Amparo, a Zicatela. Nos tomamos una cervecita y nos dispusimos a buscar las camionetas que nos llevaran a Oaxaca, pero por la época de vacaciones todas estaban llenas, cabe mencionar que teníamos que estar en Oaxaca, máximo a las 11.30 pm, porque nuestro camión a México salía a las 11:45 pm, por lo que tomamos un camión para ir de vuelta a Pochutla y ver si ahí podíamos encontrar transporte para volver. La camioneta de Pochutla salió cerca de las 7 de la noche, son 6 horas de camino por carreteras llenas de curvas en las que me maree y por las náuseas preferí dormirme. Obvio no llegamos al camión, así que fuimos a la terminal a cambiar los boletos, y Abi encontró como irse a esa hora para México, el trabajo no la dejaba quedarse más desafortunadamente. Migue y yo encontramos boletos para el Lunes en la noche. Despedimos a Abi y nos fuimos a casa de Amín a dormir. Al día siguiente, la sorpresa fue que Hiram estaba ya en Oaxaca después de su viaje al Istmo y además Hegel estaba con el. Nos reunimos con ellos, Amín se tuvo que ir porque regresaba a México, pero nosotros fuimos a Mitla y a Yagul. ¡Lugares mágicos y hermosos!
Esto es Mitla:






Esto es Yagul:








Pasamos a comer a Tlacolula, donde encontré una de las iglesias más bellas que he conocido en mi vida. Un señor ya grande me dio un recorrido y me pidió matrimonio jajajaja, ¡tengo suerte con los viejitos! Uno qué puede hacerle ¿verdad?






Regresamos a casa de Hiram y su mamá nos hizo un mole con arroz delicioso, dormimos en cama y solitos, ya extrañaba eso. Al día siguiente fuimos Hegel, Migue y yo a Monte Albán, de verdad no tienen idea de lo hermoso y lo grande que es.











Fuimos al centro de la ciudad después, pasamos a la iglesia de Santo Domingo.







Regresamos a casa de Hiram por las maletas, su mamá nos había comprado cosas típicas para nuestras familias (claro que nos comimos todo sin compartir nada ¿verdad?) y su papá nos llevó a la central. Llegamos a México el martes a las 5.45 am, venimos a la casa y dormimos todo el día, despertamos para ver películas y Migue se fue cerca de las 11.15 de la noche.
Como ven fue un viaje mágico y genial. Espero hayan disfrutado leer y ver todas las fotos que les puse, a ver si ahora si no hay quejas de que no pongo fotitos de las aventuras.
Después de esto, reitero, estoy de vuelta.
"En las tinieblas la imaginación trabaja más activamente que en plena luz."
-.Kant.-













