Sexto Capítulo

¿Apoco no es graciosa la actitud que una persona toma cuando está enamorada? Claro, cuando el enamorado eres tu no lo es, sin embargo, la gente a tu alrededor lo nota.
Ulises la veía un poco distraída, soñando despierta todo el tiempo, para el, la situación se hacía más difícil día con día. De por si, el hecho de ser el mejor amigo de aquella a la que anhelaba, le era ya bastante complicado. No obstante, aprendió a sobrellevarlo, tenía que hacerlo, de otra manera, según el, ella se alejaría.
Ulises era dos años mayor que ella, eran amigos desde que eran muy pequeños, se hacían compañía el uno al otro debido a que sus padres trabajaban, uno tenía llaves de la casa del otro, así ni siquiera debían llamar a la puerta. El la cuidaba, y siempre estaba atento a lo que ella necesitaba. Podían dormir en cualquiera de sus casas, debido a que los papás de uno, querían al otro como hijo.
Desde aquella ida a Guanajuato, Ulises la sentía muy cambiada. Nunca la había visto así, ni siquiera con Joaquín, su primer amor; un chico extranjero de la edad de el, y de quien ella se enamoró perdidamente desde la primera vez que lo vió, pero no fué hasta que Ulises le despertó interés de tanto hablar de ella. A partir de ahí, Joaquín se acercó a ella, y comenzaron una relación que duró dos años, en los que se entregaron el uno al otro de muchas maneras por primera vez.
Ella lo amaba, hasta ese día. Nunca pudo descifrar el motivo de la discusión, todo había terminado tan pronto como empezó. Harta de escuchar el teléfono sonar todo el día, con el número de la casa de Joaquín en el identificador, llama a Dante y a Ulises y los invita a Guanajuato, con motivo del Festival Cultural Cervantino, a tratar de distraer su mente entre arte, gente nueva y alcohol. Empacó sus cosas, tomó dinero del cajón, escribió una nota a sus padres, y dos horas después estaban en la terminal comprando boletos para un destino incierto, al que no tenían ni a donde llegar.
Durante el trayecto, iban escuchando música, nada mejor que la voz de Shirley Manson para alivianar la joda del viaje. Cuando llegaron era de noche, y solo encontraron lugar en un hotel de media estrella de donde, hasta las cucarachas huían.
Los tres ocuparon una misma habitación, la cual solo tenía una cama, pero viajando seguido y con poco capital, esto era ya costumbre. Tomaron una ducha, se pusieron ropa limpia, y decidieron salir al bar que el mesonero había recomendado y que estaba a solo dos cuadras.
"En las tinieblas la imaginación trabaja más activamente que en plena luz."
-.Kant.-
locaporlaluna dijo
Me quedé pensando cómo será un hotel de media estrella, si existe en Guajanato, en tu cuento o en alguna parte del mundo!
qué desliz de palabras, niña
muy bueno
3 Septiembre 2006 | 05:35 AM