- El está ahí - dice ella encendiendo su tercer cigarro al recordar en diez segundos cinco años de amargura.
- No puede ser el
- Te digo que si es el. ¿Qué hace aquí?
- ¿Por qué no vas y se lo preguntas?
- Estás loco Eduardo, apenas corrí con suerte de salir antes de que me viera.
- Bueno, entonces la noche que planeamos se arruinó, entra de nuevo, demuéstrale que no te importa.
- Pero si me importa ... es decir no que me importe pero si. Ay no se que hacer.
- Tranquilizate, mira ...

Ella mira como Eduardo mueve los labios, sin embargo su mente vuelve una y otra vez al pasado. Desde que lo conoció, pasando por todo lo lindo que vivieron juntos y sobre todo el doloroso final. Revivió día a día y con detalle todo lo que sufrió desde que el partió. Sin poder evitarlo Ulises y Dante aparecieron en sus recuerdos también.

- ¿Me estás oyendo?
- Este ... No, perdón
- Me fastidia tu falta de atención. Deja ya el drama y vamos adentro
- Ve tu, yo te alcanzo
- Mmm ok - diciendo esto notablemente molesto, Eduardo se pone de pie y se dirije al lugar del que ambos salieron.

Ella sigue recordando, el frio aire se cuela por su vestido y recorre todo su cuerpo, mira hacia el cielo como esperando respuestas que no acuden a ella. De momento recuerda sus paseos juntos, cuando conoció a su familia, la relación con sus amigos. Entre cada pensamiento, la sonrisa actual de el se aparece de manera constante, haciendo que ella, desesperada, lleve sus manos hasta su cara y derrame más lágrimas.

Sin saber que hacer o a donde ir, camina hasta el fondo de la calle, pensando en como presentarse en la reunión sin tener que toparlo. Llega a su auto, saca la sombrilla, para después entrar y encender la radio. Después de limpiar sus lágrimas un poco, recuerda la primera vez que llamó desde México a Guanajuato...

- ¿Buenas Noches?
- Buenas Noches
- Perdón, ¿el se encontrará?
- Permíteme! ... Te hablan de México!... Pau, corre a avisarle a tu hermano que le hablan de México ... Permíteme, ya viene.
- Si, Gracias

- ¿Bueno?
- Hola
- Vaya, en verdad eres tú ...

Las lágrimas vuelven. Saca de la guantera un nuevo paquete de cigarros. Sale con la sombrilla cerrada en la mano, pisa un charco y corre para refugiarse bajo la escalinata donde había estado sentada, y cigarro tras cigarro, ve llegar el fin de su primera cajetilla.